Historia

Instituto Pedro Justo Berrío

La primera petición para que los salesianos vinieran a Colombia se realizó por carta el 25 de agosto de 1882, por monseñor Eugenio Biffi, arzobispo de Cartagena.

El 11 de febrero de 1890 llegan a Bogotá los primeros salesianos, con la intención de organizar la primera escuela de artes y oficios de Colombia: El Colegio León XIII.

Tal fue el auge en la expansión de la obra en Colombia, que su animación se hizo difícil para un solo superior provincial. Así se procedió a dividir la Inspectoría San Pedro Claver que se extendía en toda Colombia en dos inspectorías, la existente, con sede en Bogotá y la nueva, con sede en Medellín. Tras la aceptación del Padre Carlos Julio Rojas como primer inspector, el 1 de octubre de 1957 nació en Colombia y para el mundo salesiano, la Inspectoría San Luis Beltrán. Su territorio comprende el occidente del país con la demarcación natural del río Magdalena.

Llegada de los Salesianos a Medellín (1915).
Los Salesianos fundadores de esta obra fueron el P. César Césari, clérigo Bruno Orjuela, y el coadjutor Acilino Montoya, llegaron a Medellín el 24 de marzo de 1915, se alojaron en una casa situada en Boston al lado del templo del Sufragio, allí los aguardaban las señoritas Mariana Herrán Mosquera y Adelaida Herrán Mosquera, promotoras de la obra del dormitorio quienes fueron coordinadas y acompañadas por las hermanas Carolina Sanín y Margarita Sanín.
Luego de establecidos los Salesianos en la ciudad, inician el estudio del trabajo que se debe desarrollar allí. Frente a esta disposición reciben varias propuestas para adelantar la labor Salesiana con los jóvenes más desfavorecidos de la ciudad. Entre ellas les ofrecieron un terreno que pertenecía a una finca de las hermanas Mariana y Adelaida cuyo nombre fue “Quinta de Santamaría” terreno que se encontraba ubicado en el bien conocido hoy lugar Ayacucho con Tenerife, para la época era uno de los sitios más pobres y abandonados de la ciudad; el terreno constaba de una antigua y grande casa de tapia, algo deteriorada y techo de teja, la edificación era de un piso pero disponía de buenos salones, varios patios.  El 11 de abril de 1915 los Salesianos, inician el Oratorio Festivo Salesiano, en el primer oratorio asistieron cerca de 140 niños, los cuales recibieron catequesis y luego compartieron en el patio juegos muy diferentes a los contemporáneos.
El 19 de abril de 1926 llega un nuevo director a la obra, el padre Pascual Richetta, con la autorización del padre inspector Jacinto Bassignana, firmó un contrato con la gobernación de Antioquia, por el cual se entregaba a los salesianos la dirección del Instituto Pedro Justo Berrío para Escuela de Artes y Oficios.  Este contrato tuvo vigencia a partir del 1º de mayo.  Se obtuvo así la ayuda que había sido buscada con insistencia por los salesianos, el arzobispo y otras personas amigas de parte del gobierno, obteniendo la oficialización del departamento de Antioquia con la obligación de otorgar becas a los alumnos. 
Durante esta nueva etapa de vida del Instituto se crea el taller de fotograbado, en el año 1933.  El 31 de junio del año 1934 llega a la dirección del instituto el padre Juan Baumann, después del directorado del padre Julio León y un corto período del padre Víctor Mariño; el padre Juan fue emprendedor y optimista.  Su acción fue importante para superar las dificultades de estos años y la terminación del contrato con el departamento por decisión de la Asamblea que hizo que la institución pasara de nuevo a manos de los salesianos, no solamente en la dirección de la obra, sino también en la financiación y desarrollo de la misma.  El 5 de julio de 1934 se firmó un nuevo contrato con la Gobernación por un año, habiendo quedado el instituto con carácter semioficial y al año siguiente, el 22 de agosto de 1935, se firmó el contrato únicamente por seis meses.  El gobierno manifiesta el deseo de rescindir este contrato y abrir un nuevo Centro de Artes y Oficios.  Continúo entonces el pedro Justo Berrío como entidad privada bajo la dirección de los salesianos, ayudado por gentes buenas y generosas e instituciones privadas y oficiales que comprendieron la importancia de la enseñanza técnica, y sobre todo de la formación cristiana.
En pocos años, el instituto fue dotado de nueva maquinaria y el edificio llegó a ser elegante, amplio y confortable.  Fueron años de verdadero esplendor en el campo de la formación de hombres para el mundo del trabajo y para una sociedad cristiana.  Notable fue su aporte no solamente en el campo de la preparación técnica, sino también en lo cultural y deportivo.  Fueron famosas sus bandas de guerra y de música, las revistas de gimnasia y las representaciones teatrales.
En el año de 1948 el instituto celebró solemnemente las bodas de plata.  Para ese momento contaba con un total de 250 alumnos.
En cuanto al contenido de la formación técnica, inicialmente se desarrolló un programa de tres años de duración; no se expedía ningún título sino simplemente la constancia de los estudios.  Luego se pasó a un programa industrial de cinco años que fue aprobado por la resolución 2093 del 28 de noviembre de 1949, cuando el instituto llevaba 26 años de funcionamiento.  El título concedido era el de técnico y más tarde el de experto en las diferentes especialidades.

Durante la dirección del padre Justo Pastor Salcedo, el instituto se acogió a la resolución número 9604 del 9 de noviembre de 1976, dictada por el gobierno para la unificación de los diferentes tipos de bachillerato. Se inició la especialidad de dibujo técnico y se comenzó a proyectar la nueva sede en la zona de Belén, terreno adquirido por el padre Rogelio Rubio.


NUEVA SEDE
“Instituto Salesiano Pedro Justo Berrío en su nueva sede.
Es una de las más prestantes instituciones de formación técnica de la ciudad, cuna y base de la misma cantidad de jóvenes que con su aporte contribuyeron al desarrollo de la “Ciudad Industrial” de Colombia”.

Hasta enero de 1988 el instituto estuvo funcionando en su tradicional sede de Ayacucho con Tenerife, en el centro de la ciudad.  Las instituciones educativas vecinas, el comercio y la plaza de mercado se fueron trasladando y transformando a su alrededor.  Pero llegó el día en que también se comenzó a pensar seriamente en el traslado del instituto a una nueva sede, en el terreno que más de 20 años antes había sido adquirido por la comunidad local.
La construcción de las nuevas instalaciones se inició en el año de 1983 y se terminó casi en su totalidad en el año 1988 con ocasión del centenario de la muerte de Don Bosco.  La elaboración de los planos arquitectónicos estuvo a cargo del doctor Guillermo Guzmán, quien también dirigió su ejecución.  El costo de la construcción de la obra, dirigida por el ecónomo Inspectorial padre Ramiro Aguilar, fue asumido solidariamente por la Inspectoría de Medellín y por lo tanto las casas y comunidades salesianas locales contribuyeron en la medida de sus posibilidades.  Se recibió también ayuda notable en dinero, en materiales y en maquinaria pesada para la construcción de parte del rector mayor, de entidades oficiales del municipio de Medellín, de la nación y de instituciones privadas de la ciudad de Medellín.
El Instituto Salesiano Pedro Justo Berrío está ocupando sus nuevas instalaciones desde el mes de febrero del año 1988, cuando se hizo el traslado definitivo, teniendo al padre Darío Vanegas como director.


Nueva etapa
Con el traslado a la nueva sede del barrio Belén Las Mercedes, el instituto aumentó su capacidad; creció el número de alumnos del bachillerato industrial que pasó de 700 a 800 en el año de 1988 a 860 en 1989 y 930 en 1990.  Con la ayuda del gobierno de Bélgica por conducto de Dmos-Comide y de la comunidad salesiana, se aprobó un proyecto de gran envergadura para mejorar notablemente la maquinaria de la mecánica industrial, los implementos y herramientas del taller de electricidad y electrónica y para crear el nuevo taller de mecánica automotriz para un programa de capacitación dirigido a jóvenes mayores de 16 años y, que por diversas circunstancias se encuentra fuera del ciclo de educación formal.  En el año de 1989 se instaló parte de la maquinaria de mecánica industrial y se inició el primer curso de capacitación en esta especialidad con 32 alumnos.
Para el año 1990 el número de alumnos de bachillerato llegó entonces a 930 y el de capacitación a un centenar, pasando por lo tanto de los 1.000 alumnos los destinatarios de la enseñanza técnico industrial en los dos programas.  Con la llegada de la maquinaria para el taller de automotriz y para el taller de electricidad, se inició de lleno el segundo curso de capacitación con la posibilidad de tres especialidades y cuyo programa se desarrollará en dos años, incluyendo el último semestre de práctica laboral en empresas.  La acogida a estos programas ha sido extraordinaria.  De esta manera se ha iniciado esta nueva etapa de desarrollo con gran dinamismo y proyección comunitaria en la zona donde el instituto quedó situado, beneficiando a vastos sectores populares de la ciudad y de los municipios vecinos del Valle de Aburra.

 

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